Amenaza a la hegemonía
económica norteamericana.
Con la creación del EURO como moneda única europea, como
consecuencia de la unión económica europea, que se inició en 1947 y que marca el éxito
de este proceso de integración y de los esfuerzos por cumplir con las exigencias del
tratado de Maastricht, se abre una nueva etapa en la competencia económica mundial. Esta
nueva supermoneda que esta destinada a reemplazar los marcos, francos, florines, pesetas,
etc., pone en peligro la hegemonía del dólar como moneda de reserva mundial.
Para la comunidad financiera internacional, el euro es un medio para
equilibrar el sistema internacional y de contrabalancear la supremacía del dólar
estadounidense, que existe en gran parte como consecuencia de la división de Europa. El
continente europeo superó dos guerras mundiales y ahora esta unida sin inflación, con
excedentes comerciales, con una gran capacidad de ahorro superior al de USA. Entonces, el
euro nace con una posición de fuerza frente a la hegemonía norteamericana.
Con el euro, habrá una moneda que representará una zona económica
con un potencial financiero y comercial equivalente al de los Estados Unidos. El euro
reequilibrará el sistema financiero internacional, que no puede depender únicamente del
dólar. El euro desplazará capitales hacia Europa. Esto ayudará a corregir los excesos
de los mercados de capitales estadounidenses y podría llevar a un aumento de la tasa de
interés en los Estados Unidos, nivelándola con las de Europa. Con eso se neutralizaría
el premio del dólar.
Si tenemos en cuenta que el Banco Central Europeo será dirigido con
tendencia a la autonomía política, según los designios de la política económica
alemana, la bipolaridad en moneda de reserva es inminente. Sobretodo considerando ciertos
análisis en los que se afirma que el dólar estaría sobrevaluado, causando que más
inversores se dirijan a la Unión Europea para hacer sus negocios. Este nuevo bloque será
el mercado común más amplio del mundo: se afirma que el bloque europeo superará a
Estados Unidos como el principal importador / exportador mundial en un futuro no tan
distante.
Con ello al consolidarse cada vez más la Unión Europea, USA ve cerrar
sus esperanzas de exportación hacia ese continente que comienza a perfilarse hacia la
autonomía productiva. La mayor preocupación con respecto al Euro es que éste contribuya
a incrementar el proteccionismo Europeo. Por más que la economía norteamericana crezca a
un ritmo impresionante de 4,2%, un tercio de ese crecimiento depende directamente de sus
exportaciones, por lo cual si los mercados donde se ubican sus productos se cierran o
contraen, la economía norteamericana sufrirá las consecuencias.
Se le agrega, en la coyuntura actual de problemas financieros, la
crisis asiática y mundial. La OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo
Económico) anuncia que la debilidad de la economía japonesa y la persistencia de la
crisis asiática perjudicarán el crecimiento de los principales países industrializados
del mundo. Esto lleva a los analistas económicos a discriminar la información para los
tomadores de decisiones en inversión, a calificar a ciertas regiones de América Latina
como unas de las más firmes luego de su dura reestructuración.
Es en este marco que la política actual norteamericana, influenciada
en parte por esta nueva amenaza a su hegemonía, buscará acelerar en lo posible la
creación del ALCA y de esta forma asegurarse un mercado para sus exportaciones y una zona
de exclusiva influencia económica. Esto es evidenciado por las numerosas visitas que ha
hecho el presidente Bill Clinton a numerosos países en África, Asia y América Latina,
ligados a aspectos económicos. Se producen, precisamente por la necesidad de asegurarse
mercados extraeuropeos, y los busca no sólo en Latinoamérica, sino también en África.
EE.UU, busca así acelerar la inserción en ese continente.
Como observamos en el gráfico, la importancia del comercio
internacional en el mundo va en aumento y en ese contexto, es aún más interesante el
nivel de apertura al comercio exterior que se está dando en América Latina desde 1990 en
adelante. Esto se manifiesta en su dispersión arancelaria y la disminución del arancel
promedio. Es por ello que esta zona puede ser disputada como zona de influencia económica
por parte de las dos economías más grandes del mundo en un futuro. Sistemáticamente,
personajes políticos y económicos influyentes de Europa y Estados Unidos llegan a la
zona de Sudamérica, sobre todo alimentada su esperanza en términos lucrativos por la
creación del MERCOSUR.
Así, se explícita con la visita del vicepresidente de la Unión
Europea, León Brittan, para reunirse con funcionarios argentinos, con vistas a posibles
negocios en el Mercado Común Sudamericano. Esta visita se realizó pocos días antes de
la nueva reunión tendiente a las negociaciones del ALCA, en Santiago, Chile. Con la
protagónica presencia de los representantes de los Estados Unidos, Europa no quiere
perder terreno en su influencia sobre los países de este continente.
Tras haber finalizado los estudios sobre las realidades económicas de
la Unión Europea y el Mercosur, se intentará avanzar en medidas para liberalizar el
comercio entre ambas regiones del mundo.
Juan Pierre Petit reconoce que "un sistema monetario dual no es
favorable para la estabilidad monetaria internacional " y, además, con el Euro, la
cooperación entre USA y Europa será más difícil y hasta se podría acentuar la
confrontación con Asia", con la mirada puesta en Japón.
Asimismo explícita que el Euro traerá beneficios a los países menos
desarrollados, porque una Europa unida será un polo de desarrollo y eso le permitirá a
estos países colocar más fácilmente su producción en el mercado europeo. Las variadas
visitas de premieres europeos a la zona evidencian una marcada disputa por zonas de
influencia en América.
La creación del ALCA impulsada por USA
La dinámica de la economía mundial se apoya en el crecimiento
estadounidense. El ALCA es decisivo para afirmarla y para la reinserción de
Latinoamérica. Con respecto al ALCA la estrategia de USA será pasar por alto los bloques
económicos vigentes (MERCOSUR, pacto Andino, etc.) y negociar de forma independiente,
evidentemente para obtener mayores beneficios propios.
La dinámica del capitalismo de los años noventa se apoya en la fase
expansiva de larga duración en USA y en el rápido crecimiento de los países en
desarrollo. Antes de los noventa este fenómeno estuvo muy concentrado en el sudeste
asiático, aunque en el ultimo decenio el inusitado aumento de las inversiones extranjeras
directas y en cartera hizo surgir otros mercados emergentes integrados a la economía
internacional. Las inversiones extranjeras directas trazan las líneas fundamentales de la
red productiva mundial. A partir de la crisis asiática, América latina rivalizará con
el sudeste asiático en la atracción de inversiones, lo que tenderá a reforzar los
procesos de integración regional y subregional. Se van dando gradualmente. México firmó
el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) con USA y Canadá en diciembre
de 1992. Estos dos países, a su vez, tenían un tratado de libre comercio desde enero de
1989. En marzo de 1991 la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay conformaron
definitivamente el MERCOSUR, al que se incorporaran de manera parcial y paulatina Chile y
Bolivia.
Las negociaciones del ALCA se producen en un momento en el que tanto
América Latina como sus relaciones con Estados Unidos se encuentran en una posición
mucho más sólida que en años pasados. Con la excepción de Cuba, que no fue invitada a
participar en la cita, todas las naciones están gobernadas por democracias nominales. En
la mayor parte de las áreas de interés común, la desconfianza e incluso la hostilidad
que en un momento caracterizaron las relaciones de Washington con las naciones de la
región se han visto reemplazadas por un espíritu de cooperación.
A su vez, el MERCOSUR y otros procesoa de integración latinoamericanas
tendrán que articularse en el ALCA, un mercado común continental propuesto por el
ex-presidente estadounidense George Bush en 1991, que empezó a configurarse en la PRIMERA
Cumbre de las Américas realizada en Miami en diciembre de 1994. Allí los países
americanos (con excepción de Cuba) se reconocieron como el mayor espacio económico del
presente. Con 770 millones de habitantes, tiene un producto interno Bruto de US $10
billones y el comercio entre unos y otros supera los 650.000 millones de dólares. Estados
Unidos con el 76,4% del PBI del continente es el eje de esa integración.


En los tres años y medio transcurridos hasta la segunda cumbre, se
sucedieron cuatro reuniones ministeriales en Denver, Cartagena, Bello Horizonte y San
José de Costa Rica. En esta última, América Latina consiguió que la caída de
aranceles no sea progresiva como pretendía USA, sino que entre en vigor de manera
simultanea en el 2005. Las decisiones en el ALCA se toman por consenso y dan lugar a un
compromiso único para incorporar lo acordado, que podrá coexistir con acuerdos
bilaterales y subregionales siempre que estos no vulneren el contenido fundamental del
ALCA que gira alrededor de un comercio libre congruente con los acuerdos de la
Organización Mundial del Comercio (OMC).
Escenario en América del Sur: el interior de las negociaciones.
Mientras en EE.UU se privilegia las negociaciones bilaterales
en el marco del ALCA, los países agrupados en acuerdos regionales privilegian la
participación grupal. En América del Sur la realidad es distinta y mucho más
contradictoria al ALCA de lo que se cree. Si bien, el proyecto es resistido en EE. UU por
el partido demócrata, los sindicatos y grupos ecologistas. La Argentina y Brasil, por
ejemplo, privilegian el MERCOSUR y pretenden que el acuerdo de libre comercio incluya los
productos agropecuarios que EE.UU. quiere dejar al margen del ALCA para proteger a sus
productores, pero asimismo sabe que debe ceder para recuperar la influencia económica
sobre América del Sur.
Asimismo en el marco de la Comunidad Andina de Naciones, cuyo proceso
de integración lleva casi tres décadas sin mayores resultados, (integrada por Bolivia,
Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú) la estrategia se divide entre una integración
sudamericana o hemisférica. Si bien sus presidentes siguen el modelo MERCOSUR con un
frente económico y político, Venezuela prefiere crear un área libre de comercio en
América latina (ALCA). Visión hemisférica de Venezuela, para quien la "Comunidad
Andina debe tener como prioridad constituir en el año 2005 con todo el hemisferio una
sola área de libre comercio".
En cambio los peruanos, cuya prioridad es regionalista, privilegian un
acercamiento al MERCOSUR. Así declara Alberto Fujimori: "América Latina tiene que
formar una región de libre comercio e integración que esté en capacidad de negociar
frente a las otras subregiones". Bolivia también se haya mas cerca del MERCOSUR que
del CAN. La Comunidad se divide entre regionalistas versus hemisféricos.
Ante esto, es importante tener en cuenta las profundas diferencias económicas entre los
países de la comunidad andina.
La firma de un posible acuerdo con el MERCOSUR unirá las dos zonas
cuyo comercio interregional supera los 5.600 millones de dólares. Sus próximos pasos
serían la creación de un área de libre comercio con el MERCOSUR para el año 2000 y con
las Américas para el 2005. Este acuerdo orienta la Comunidad hacia el sur dando balance a
estas economías con USA. En cambio la creación del ALCA la inclina hacia el norte. Como
ya dijimos, el más interesado es Venezuela, como primer país suministrador de petróleo
a USA. Mediante la "Declaración de Guayaquil del 5 de abril de 1998", se
privilegia la estrategia de unirse frente a otros bloques comerciales, una posición más
regionalista estuvo presente en esta décima reunión de Consejo Presidencial.
Asi mismo, Chile propone al Mercosur acelerar en forma recíproca las
listas de desgravación general (8 años) y de patrimonio histórico, para compensar el
alza de tres puntos del Arancel Externo Común, aplicada por el bloque regional el año
pasado.
La negociación del ALCA promete una larga batalla con USA y Brasil
como principales contendientes. Hacia el 2015 se proyecta un espacio económico con
comercio liberado pero también normas similares sobre inversiones, servicios, políticas
de competencia y el papel de las economías más pequeñas. Para hacer negocios, obtener
ganancias y que sus empresas crezcan, en competencia con las europeas y asiáticas.
Desde un principio, se establecieron las normas que guiarían las
negociaciones, medidas cautelares para evitar que el pez grande se coma al chico. Las
negociaciones se iniciarán simultáneamente en todas las áreas temáticas y, además, el
inicio, la conducción y el resultado deberán ser tratados como un compromiso único. Se
trata de un seguro impuesto por América Latina para evitar que prosperen las
negociaciones en las áreas de mayor interés para USA y Canadá, dejando desfallecer
aquellas áreas que menos les interesan.
Este ha sido un punto vital para el gigante sudamericano, Brasil,
reacio a discutir, por ejemplo, el tema de la propiedad intelectual, mientras USA mantenga
bloqueado el tema agrícola. Brasil debería renunciar a la protección arancelaria para
su industria mientras USA mantiene un impuesto especifico al jugo de naranja brasileño,
por ejemplo.
El fracaso del presidente Bill Clinton para que le Congreso le
entregase una autorización de fast track (vía rápida) con la cual negociar la
ampliación del TLC (Tratado de Libre Comercio - Canadá, México, Estados Unidos) ha sido
mas bien beneficioso para el ALCA y América Latina. La vía rápida significaba que al
conjunto de negociaciones el Congreso estadounidense diría si o no, y su ausencia supone
la aprobación uno por uno de todos los acuerdos. El resultado de la negativa ha sido que
los países latinoamericanos comenzaron a ver el proceso como algo de su interés y no
algo a lo que son arrastrados por USA.
Un proyecto de la ambición y de la complejidad que encierra la
construcción de una zona de libre comercio de las Américas requiere de la cooperación
activa de lo menos una de las partes: Estados Unidos o los latinoamericanos. Estados
Unidos se haya, en los hechos, paralizado y en lo tocante a latinoamérica, sin Brasil o
México, nada se mueve. Los mexicanos, aunque de acuerdo ideológicamente con la
propuesta, no se entusiasman con ella, pues ya disponen de su propio acuerdo con USA y
Canadá, y en el fondo no ven con buenos ojos el compartir sus supuestos privilegios con
otros socios. Brasil, por su parte, carece del fervor ideológico de México, no está del
todo seguro que abrir de par en par su mercado a los Estado Unidos sea la mejor idea para
su proyecto nacional de largo plazo.
Contradicción dentro de los dos bloques de
negociación: El problema del desempleo.
Sectores cada vez más amplios de la sociedad norteamericana,
empezando con los sindicatos, rechazan los acuerdos de libre comercio en su forma actual
porque descansan en una premisa discutible. En efecto, los salarios en los países
latinoamericanos representan una porción tan pequeña y estancada del ingreso nacional
que se producen de manera inevitable dos fenómenos:
- Por un lado, las exportaciones de Estados Unidos a América Latina aumentan
indudablemente, pero solo desplazan a la anterior oferta nacional, sin ensanchar el
mercado, que conserva sus dimensiones previas. De allí que resulte factible compensar la
perdida de empleos en Estados Unidos provocada por la transferencia de fabricas a América
Latina mediante mayores ventas en la región, pero nada compensa la perdida de empleos en
América Latina a consecuencia de la invasión de importaciones.
- Por otro lado, las nuevas inversiones en América Latina, tanto las ya existentes como
aquellas que fomentarían los acuerdos de libre comercio en puerta, suelen canalizarse
justamente al sector exportador.
Así sucede, entre otras razones, precisamente porque el mercado
interno de la región no crece.
Los raquíticos salarios de los trabajadores en el sector exportador
-aún cuando fueran superiores a los de otras industrias, y no siempre es el caso- no
alcanzan para consumir los bienes que ellos mismos producen. Por consiguiente, la
totalidad de la producción de las nuevas fábricas se exporta, compitiendo nuevamente con
la producción llevada a cabo en Estados Unidos.
Las cifras mexicanas -propias de un país que celebró un Tratado de
libre Comercio con Estados Unidos en 1994- ilustran el dilema. Desde la crisis de
diciembre de 1994, las exportaciones mexicanas -más del 80% de la cual se destinan a
Estados Unidos- aumentaron 74%; mientras que a finales de 1997, el consumo privado
mexicano -un buen indicador del mercado interno- seguía 1.6% por debajo de los niveles de
finales de 1994, aunque la población del país ha crecido más de 5% en este lapso.
Asimismo, en el caso específico de la industria automotriz, quizás el
sector más favorecido por la apertura de ventas foráneas han pasado de prácticamente
nada hace diez años, a más de un millón de unidades en 1997.
Sin embargo, las ventas internas de vehículos en México permanecen
hoy por debajo de lo que fueron en 1994 o incluso en 1981, aunque hoy existan 30 millones
de mexicanos más que a principios de la década de los ochenta.
Se podría ilustrar sobre el carácter contradictorio que ha revestido
la liberalización comercial en la región. Por un lado, en efecto, la apertura ha
impulsado las exportaciones, ha coadyuvado a controlar la inflación, ha alentado la
transferencia de tecnología y modernizado la planta productiva. Pero también ha agravado
el desempleo, revirtiendo parte del proceso anterior de industrialización, y contribuido
a generar fuertes déficits comerciales, cuyo financiamiento se torna cada vez más
difícil u oneroso.
Es cierto que el empleo en el sector exportador aumenta, pero los
salarios son tan bajos que en términos de masa salarial el saldo en general es negativo:
los nuevos empleos y sus respectivos salarios no compensan por los viejos empleos
perdidos. A esto en parte, y sobre todo a las políticas de compresión salarial de los
últimos quince años, se debe el hecho de que la cuota correspondiente a sueldos y
salarios en el ingreso nacional en la mayoría de los países de América Latina
represente entre la mitad y la tercera parte del porcentaje equivalente en los países
industrializados.
Se podría plantear, entonces, que si no se eleva dicha proporción -es
decir, si no se gesta una combinación de un aumento moderado y gradual pero verdadero del
empleo y de los salarios reales- los beneficios de cualquier acuerdo de libre comercio
entre la zona norte y la zona sur del hemisferio serán efímeros, modestos y tal vez, a
la postre, contraproducentes. Si además se pudieran empezar a explorar las diversas
opciones posibles de incorporar a los mecanismos laborales, jurídicos, de mercado y
fiscales que indujeran la elevación anteriormente mencionada. Por desgracia, nada indica
que todo esto sea ni remotamente probable. Al contrario: tanto en USA como latinoamerica
parecen empeñados más bien en estrujar los bajos salarios de la región para atraer
inversiones, contentándose con las exigüas dimensiones de los mercados internos
existentes. Es una mirada cortoplazista, pero es la que impera hoy en un continente
dramáticamente, desprovisto de liderazgo y visión de largo plazo.
Así es como, en un marco internacional de crisis financiera y
globalización, nos encaminamos hacia un mundo con precios más estables (con ello quiero
decir, precio de factores). Las exigencias de competitividad son cada vez más fuertes
como consecuencia de la desregulación de los mercados. Con el euro, los países europeos
no podrán utilizar la devaluación como herramienta. Entonces todo país que pase por un
momento de inflación será rápidamente sancionado por una perdida de competitividad,
porque ya no podrá hacer el ajuste por la vía del tipo de cambio. La alta tasa de
desempleo que se da también en la comunidad europea, da cuenta de que este es un problema
estructural del estadio del capitalismo postmoderno en que nos encontramos, donde la alta
competitividad, la tecnología y la necesidad de eliminar costos, llevan al desempleo a
tornarse crónico, que fuera además como un factor de contención de la presión
salarial.
Conclusión II
Así, podemos inferir que dentro de la configuración
económica internacional actual, de crisis no sólo ya en el sudeste asiático, sino con
la venida del efecto "vodka", que el papel de América Latina, que ha demostrado
ser más fuerte ante esta crisis de lo que se suponía teniendo en cuenta las
reacciones diversas ante el efecto tequila- es muy importante en el marco del desarrollo
del capitalismo.
Estados Unidos necesita de mercados para colocar sus excedentes, cada
vez mayores. Y si retomamos el peligro que implicaría sobre esto una posible clausura de
los mercados europeos con tendencia proteccionista, América Latina es más que
importante. No sólo para Estados Unidos, sino para la floreciente Unión Europea y para
todos aquellos inversores de diversas nacionalidades, los cuales, pasada la crisis,
evaluarán y discriminaran la situación de cada país. Ciertas variables indican que
algunos países de América Latina que lograron reforzar sus reservas y mantener el valor
de cambio de sus monedas, quedan mejor posicionados que sus pares y así se verá en un
futuro no muy lejano.
Latinoamérica es un mercado emergente con mucha potencialidad, la cual
con ayuda de capital extranjero y ahorro interno, puede transformar ese potencial en
energía productiva, en crecimiento nacional y regional, todo dentro del marco mundial de
precariedad del trabajo y otros problemas globales.
América Latina, como siempre, no le ha sido fácil desvincularse del
contexto global. Hemos nacido en un marco de dependencia y por ello no ahora, en el
momento de más absoluta globalización nos desentenderemos de los problemas estructurales
mundiales.
El problema del desempleo, de la precarización del trabajo, de la
disminución de los salarios reales, de la demanda de capacitación especializada es
mundial, y con más razón afecta a los países emergentes. Pero en toda esta
circunstancia, América Latina necesita la integración y la inserción mundial para
sobrevivir.
Por eso, tanto USA, sea para mantener su comercio internacional y el
poder de su moneda, sea para influenciar cada vez mas consolidadamente en la región,
necesita del ALCA. Por otro lado, el resto de América necesita este tratado de
integración para reinsertarse y desarrollar sus potenciales.
La lucha y la negociación será ardua, pero si se logra el consenso,
se logrará un gran paso para toda nuestra sufrida región Americana.
Anexos y conclusiones

Los países miembros de la UME tuvieron que alinear sus economías, en
preparación para el lanzamiento del euro.

