¿Qué pasa después del medidor?

por | 12 May, 11 | Finanzas | 0 Comentarios

Centroamérica debe priorizar eficiencia energética, optimizando consumo eléctrico y promoviendo cambios para reducir costos y evitar plantas de generación.

Centroamérica enfrenta un desafío crítico: más del 70% de su energía comercial proviene de combustibles importados, especialmente en el transporte. Sin embargo, el sector eléctrico ofrece oportunidades significativas para optimizar el consumo. Este artículo analiza cómo mejorar la eficiencia energética, desde el uso de tecnologías modernas hasta la implementación de políticas públicas efectivas. Con medidas simples pero estratégicas, es posible reducir desperdicios, ahorrar costos y posponer inversiones millonarias en nuevas plantas de generación. Es momento de repensar cómo utilizamos la electricidad para construir un futuro más sostenible y económicamente viable.

Centroamérica, una región donde los combustibles importados representan más del 70% del consumo total de energía comercial –principalmente en el sector transporte- necesita urgentemente replantearse la forma como el usuario final consume la energía.

Mientras que cambiar el patrón de consumo en el sector transporte es complejo porque existe una dependencia tecnológica basada principalmente en los motores de combustión interna, en el sector electricidad se tienen amplias oportunidades de racionalizar el consumo final; es decir, lo que pasa después del medidor depende en gran medida del consumidor y puede reducir sensiblemente el desperdicio eléctrico.

Estadísticas de Comisión Económica para América Latina (CEPAL) muestran que los requerimientos de inversión en nuevas plantas de generación en la región están en el orden de los 15 000 millones de dólares para atender la demanda proyectada en los próximos 10 años, la cual crece en promedio, en un 5% anual.

Es aquí donde emerge como una alternativa rentable el uso eficiente y racional de la electricidad por parte de los usuarios, quienes sí pueden controlar el consumo, ya sea instalando tecnologías energéticamente más eficientes e introduciendo buenas prácticas; es decir.

La realidad energética centroamericana en la próxima década requiere de forma urgente  un cambio de paradigma, que no sólo sea bajo en carbono como lo imponen los compromisos asociados al calentamiento global, sino también porque es un buen negocio que desacelera la construcción de nuevas plantas de generación.

Panorama del Istmo

En Centroamérica la intensidad energética aumenta cada año,  por lo que se requieren políticas públicas que ubiquen el uso eficiente de la energía con una prioridad política. Tampoco son muy conocidas las oportunidades financieras.

Ya que es un mercado en etapa temprana donde pocos financistas han visto las posibilidades de negocios, como son las empresas de servicios energéticos, el leasing de equipos eléctricos y los esquemas de ahorros compartidos, entre otros.

A partir del 2005 se han iniciado las acciones de política pública en materia de eficiencia energética, donde  uno de los pasos fundamentales son la elaboración de las normas técnicas, las cuales establecen requisitos mínimos de eficiencia para los equipos eléctricos que se ofrecen en el mercado al consumidor final.

Como es el caso de las fluorescentes compactas que utilizan un 70% de la electricidad consumida en la emisión de luz, mientras que una luminaria de tipo convencional-incandescente sólo utiliza efectivamente un 30%, el resto de la energía se desperdicia en forma de calor.

La Fundación Red de Energía (BUN-CA) ha realizado estimaciones del potencial ahorro en la industria eléctrica, donde ha encontrado que, con medidas de bajo costo, se pueden lograr ahorros de un 5% con respecto al consumo histórico, mientras que con medidas que requieren inversión se pueden lograr ahorros de hasta en un 30%.

Por ejemplo, si se sustituyeran todas las luminarias incandescentes instaladas en Costa Rica por fluorescentes compactos con balastro integrado que cumplen con las normas técnicas mínimas de eficiencia energética, este país puede desplazar la construcción de nuevas plantas de generación en el orden de 195 megavatios en los próximos 10 años. En el caso de El Salvador sería en el orden de 107 megavatios, en el mismo período.

El uso de la electricidad más allá del medidor brinda oportunidades donde todos los participantes de la industria eléctrica ganan, por lo que es el momento de repensar la forma de utilizar la electricidad, ya que los negavatios desplazan rentablemente en el tiempo la instalación de nuevos megavatios.

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